miércoles, 7 de septiembre de 2011

Una de leyendas


¿¿Hacemos un tour por esta casita??


En 1884, Sarah L. Winchester enviuda quedando en sus manos la herencia del acaudalado heredero de los rifles Winchester. Pero tras tan inmensa fortuna, y según una vidente de la época a la que la desdichada viuda consultó, sufrían las almas perdidas de aquellos que murieron frente a alguno de estos rifles, sobre todo los indios masacrados durante la conocida como "Conquista del Oeste". Años atrás había perdido también a su hija Annie y ahora, la muerte de su marido terminó por desequilibrarla.

Sarah compró un extenso terreno en San José, cerca del bullicioso San Francisco en California, e hizo levantar una casa que hubo de estar construyéndose hasta el mismo día de su muerte, 38 años después, en 1922. Según aquella vidente, sólo así las almas encontrarían dónde morar mientras no hallaran el reposo eterno.

Esta es la leyenda que envuelve la Mansión Winchester, hoy sitio turístico donde los curiosos se acercan para descubrir por sí mismos si está o no encantada. Por cierto, cuentan que al entrar te previenen de que debes ir siempre acompañado pues no te garantizan que, si te pierdes, te puedan encontrar.

Pero haya fantasmas o no, lo cierto es que la arquitectura de esta mansión sorprende a todos y se escapa a los límites de la razón. Y no es tanto porque esta mansión de estilo victoriano tenga 160 habitaciones, 3 ascensores, 47 chimeneas, sistema de alcantarillado y de calefacción, luces de gas que se encienden apretando un botón, (todo esto adelantado a su época), sino porque en ella puedes encontrar ventanas de dan a paredes, escaleras que no llevan a ninguna parte, puertas en medio de las ventanas en la fachada de los pisos superiores y otras rarezas.

Un hecho curioso es que se creía que Sarah podía atravesar las paredes como sus fantasmales invitados, pero resulta que la casa consta también de pasillos secretos que, seguramente, le servían para vigilar sin ser vista cómo iban las interminables obras.
La señora Winchester se pasó esos 38 años levantando, retocando, tirando y volviendo a levantar puertas y ventanas. 
Una nota curiosa es que el número trece se repite por toda la casa: hay ventanas con 13 paneles, escaleras con 13 escalones, 13 ganchos en el armario del dormitorio de Sarah o 13 baños.
Dicen que incluso firmó su testamento, que estaba dividido en 13 partes, 13 veces.

Texto extraído de http://sobreleyendas.com/.

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